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En las costas mexicanas cada año se producen distintos fenómenos hidrometeorológicos, los cuales dejan grandes rastros de su afectación. Particularmente las tormentas tropicales han afectado al estado de Colima y han sido registradas por distintas fuentes. A los huracanes los distinguen múltiples particularidades, como las enormes cantidades de agua desplazada, la velocidad de sus vientos y la trayectoria que cursan (Capurro Filograsso, 2001; OPS, 2000).

En tierra, la precipitación de la lluvia se incrementa en gran medida y en muy poco tiempo origina inundaciones, aumento en el cauce de los ríos y flujos de material rocoso. En el mar, los vientos y oleajes crean la marea de tormenta, que produce alteraciones notables en las playas. Cada huracán sigue una trayectoria de acuerdo con las condiciones climáticas que encuentra a su paso por la región ciclógena en que se genera. Las regiones ciclógenas son lugares que por sus características climatológicas, sin excepción, año con año forman ciclones y huracanes. Frente a las costas de los estados de Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Colima, se encuentra una de las ocho zonas más importantes en el mundo, y la primera de las cuatro regiones ciclógenas que afectan a las costas de nuestro país (Padilla Lozoya, 2006).

Los huracanes originados en el Océano Pacífico siguen un movimiento regular hacia el noroeste, aunque algunos llegan a desviarse hacia la plataforma continental. Cuando un ciclón tropical se desplaza próximo a las zonas costeras o penetra en tierra firme puede dejar víctimas y destrucción, sobre todo cuando alcanza las siguientes características: marea de tempestad con olas de hasta 6 m de altura; vientos superiores a los 120 km/h con ráfagas de hasta 360 km/h; oleaje intenso, lluvias superiores a 250 mm, inundaciones y desbordamiento de ríos (CEPRENEDAC, 2001).

Para el caso particular del estado de Colima, el Boletín Hidrológico No. 16 de la CNA precisa que la cordillera oeste-este del estado de Colima tiene una elevación que constituye una barrera natural que impide o modera la penetración a las cuencas altas de los ríos Armería y Coahuayana, de los ciclones generados en el Pacífico (CNA-Colima y Secretaría de Recursos Hidráulicos., 1961). Y dentro de esa cordillera se forman dos anfiteatros abiertos hacia el sur, que en consecuencia quedan expuestos al ataque directo de los ciclones que provienen del Pacífico. Estos anfiteatros constituyen la cuenca general del río Cihuatlán, y las cuencas bajas del río Armería y del Coahuayana. Este último es el de mayor extensión y en él están asentados los valles de Tecomán y Colima.